Soy persona dada a hacer favores; vamos, que suelo ofrecerme con facilidad, con demasiada facilidad, diría mi marido. Nunca me arrepiento de ello, pero sí es cierto que de algunos me queda mejor recuerdo que de otros. Sobre todo por los quebraderos de cabeza que arrastran. Eso es lo que pensaba que iba a ocurrir el día que me ofrecí a «dirigir» la mudanza de unos amigos.

Es una larga historia, pero intentaré resumirla, sobre todo si estás planeando cambiarte de casa y has tenido la brillante idea de «eso lo hago yo solito».Todo parecer muy sencillo. Cuando ves la casa ordenada parece que no tenemos tantas cosas en un espacio delimitado por paredes. Pues ya te digo que te equivocas, porque esos libros ordenaditos, los trastos de la cocina, incluso la ropa, puede llegar a convertirse en una auténtica tortura cuando se trata de meterlo todo en cajas.

Hacer un tetris de tus cosas agobia, pero no tanto como ver que no se acaba nunca. Si lo haces tú solo verás que el día no da de sí. Tendría que durar al menos 48 horas si tu objetivo es deshacer tu hogar y volver a rearmarlo. Lo ideal sería que pudieras convertirlo en un ovillo gigante y lanzarlo por la escalera, pero eso creo que solo es posible en los dibujos animados.

Por eso, cuando aparecieron en casa de mis amigos cinco chicos de la empresa Gil Stauffer y empezaron a organizarse pensé: “esto empieza bien”. Como si de un mini ejército se tratara, comenzaron a distribuirse por las habitaciones y a empaquetar y embalar todo lo que había a mi alrededor. Lo de meter cosas en casa puede parecer sencillo pero cuando se trata de la cristalería y la vajilla no lo es tanto. Y no quiero ni contar lo de desmontar el mueble nido de las niñas con armario incluido.

Hagamos un parón. A estas alturas, ¿todavía estás pensando en hacer la mudanza por tu cuenta? Hay otro punto importante, vital, diría yo, el del transporte que vas a utilizar. Todos nos imaginamos que con un coche con un maletero amplio y asientos abatibles será suficiente. Eso y la furgoneta que nos prestará Manolo, el del taller. Si se te ocurre planteártelo así, permíteme que te digas que te equivocas de lleno.

Lo primero que debes saber es que vas a desesperarte encajando los bultos. Te lo dice quien ya hizo una mudanza «do it yourself». Lo segundo es que no olvides calcular al menos 12 viajes, y eso sin contar los problemas de tráfico y aparcamiento, porque, no lo olvides, no tendrás permiso de aparcamiento en la puerta

.En fin, que para mí, ver trabajar a los chicos de Gil Stauffer ha servido para dar un carpetazo definitivo a todos esos miedos que me habían rondado los días previos a la mudanza de mis amigos. Si tuviera que hacer una de esas valoraciones que te piden en una encuesta telefónica, lo resumiría fácilmente:

Ha sido cómo poner canela al café o la guinda al mejor pastel. Ni punto de comparación con la mudanza que hice por mis propios medios sin contar con una empresa especialista.