La verdad es que es difícil recordar ni un sólo invierno del año dónde al menos un resfriado no se haya apoderado de nosotros y nos haya encerrado en cama durante unos días.

Dependiendo de los años yo llegaba a caer enferma varias veces y muchos de estos resfriados se complicaban y derivaban en anginas, bronquitis etc.. Mi vida cambió cuándo una amiga me comentó el poder de la equinácea.

Esta maravillosa planta potencia las defensas naturales del organismo reforzando el sistema inmunológico y evitándo así caer enfermos cuándo notamos los primeros síntomas. Las flores, hojas y tallos de esta hierba se usan para producir medicamentos que sirven para evitar infecciones.

Además resulta muy útil para tratar: la influenza, las infecciones del tracto urinario, las infecciones de levadura vaginales, el herpes genital, las infecciones del torrente sanguíneo (septicemia), las enfermedades de las encías, la tonsilitis, las infecciones de estreptoccocus, la syphilis, el tifus, la malaria y la difteria.

Los primeros en descubrir sus poderosas virtudes fueron los indios nativos de Norteamérica que la utilizaban para curar las mordeduras de serpiente y otras infecciones.

Su forma de uso más habitual es en comprimidos o en pastillas aunque últimamente también se ha popularizado en jarabe, extracto fluído, en tintura o infusion. Toma siempre la dosis que te recomiende un especialista y aségurate de que no eres alérgico. Recuerda que las personas alérgicas a las flores de la familia de la margarita no deben tomar equinácea.